La sangre se iba secando en el frío suelo y la lluvia lo limpiaba lentamente. Pues apenas caían las gotas necesarias para limpiar todo esto. Todos estaban muertos -como debían haber estado siempre-.
¡Éramos los Hijos de la Sangre! Hijos de Ángel Sanguinius y como tales, heredamos sus maldiciones: la Furia Negra y la Sed Roja.
No podíamos apreciar ningún arte, excepto el de matar y devorar a nuestros enemigos, a la vez de ensartarlos y hacerlos sufrir en momentáneas agonías. Les provocamos la dolorosa muerte, que teman nuestro nombre.
Nos crearon a base de la sangre de nuestro progenitor y apenas tenemos una vida que pueda llamarse plena. Pero nosotros no teníamos una única personalidad, pero tampoco una personalidad como una colmena de insectos conectados entre sí. Los recuerdos de miles de los Hijos de la Sangre de Ángel Sanguinius estaban nuestro ser: en cada célula y molécula, recuerdo a recuerdo, herida por herida y sensaciones con sus respectivos sentimientos.
No somos humanos. No somos nada. Herramientas desechables por nuestra resurrección sin mérito.
No lograremos nada al haber nacido así, pero viviremos como lo dice nuestro sanguinario instinto y devoraremos hasta el tuétano de los huesos. Así más fuertes seremos y vosotros más débiles.
¿Podéis destruirnos? Claro que sí. Una simple bomba acabaría con nosotros, pero somos vuestros hermanos. Somos parte de vosotros y somos vosotros.
Mientras devoraba el cuerpo de la anciana regordeta, a la vez desgarraba sus piernas con mis garras. Dentellada a dentellada iba llegando a los huesos, pero yo buscaba algo más suculento que unos huesos tan débiles de aquella insignificante mujer. A cinco metros de mí, había un niño de unos siete años, con los ojos mirándome con un miedo aterrador. Pestañeé y el niño desapareció.
¿Una mala jugada de las mutaciones que iba sufriendo?
Tales cosas como el surgimiento de mis garras que ahora tenía, despareciendo los dedos de la simple mano humana que había tenido.
La visión se me nublaba y mi cuerpo temblaba. Temblores que aumentaban cada vez que ingería la carne y la sangre de la vieja.
Daba igual que fuera una presa sin valor. Pues no era el hecho de cazar honorables presas. Era el hecho de alimentarse, crecer y cambiar. Ser más fuerte. Cazaría hasta que me cazasen.
Mis hermanos se alimentaban poseídos por la Sed Roja que estaba en nosotros. La maldición de nuestro padre, que algunos se atrevían a llamarle el Gran Ángel de la Sangre. No era nada bueno, ni poético. No era nadie y nosotros tampoco.
Nuestras vidas solo conocían la muerte... y solamente teníamos dos días de edad.
Corriendo como el más poseso y hambriento de la jauría, me abalancé sobre uno de los guardianes del Santuario. Me propinó una patada en el vientre, y retrocedí gruñendo como un animal rabioso. Pero no era solamente rabia. Era la necesidad. El hambre y la sed. Era lo único por lo que yo y mis hermanos vivíamos.
La espada del guardián se ensartó en mi brazo, incrustándose en mis carnes y un alarido surgió de mi ser. Era un dolor que siempre experimentábamos y un congénere mío saltó sobre mi espalda y cayó encima del guardián, provocando la caída de éste. Como un meteoro cayendo sobre un planeta, caí encima de mi presa, abriéndole con mis garras la malla y tiñendo el suelo de sangre.
Todo combate era un éxtasis...
viernes, 13 de enero de 2012
domingo, 8 de enero de 2012
Sin Razón de Razones
Pertenecer a un mundo donde todo se consume y lo malo campa a sus anchas... Es un mundo que no merece las partes buenas, las pocas, que surgen de él.
Lo bello puede ser una noche estrellada, un atardecer o amanecer. Notar las gotas de agua en un verano con una temperatura casi templada, y el aire acariciar la piel, llenando los ambientes como los bosques a un olor de pino. Sentir cómo el frío te hiela la piel, para buscar el calor de una cama, el calor humano o el de una chaqueta o prenda de vestir, pero... sin exagerar, claramente.
Estar con alguien tan especial como un amigo o amiga, o quizás, el compañero o compañera que encuentras en esos reveses de la vida, y eliges permanecer con ella o él todo lo que os pueda deparar, sin importar cuánto malo o bueno vendrá.
Tener creencias como las mías no ayudan a nadie, ni yo me ayudo a mi mismo. Sé lo bello que hay y lo horrendo, lo bueno y la monstruosidad, amor y odio, junto con todo aquéllo que pueda tener un lado opuesto e igual. Tal vez no haya nada válido en lo que creer, ni Dios, ni Diablo... por no hablar de las reencarnaciones... Sinceramente no estaría mal poder elegir el qué querer ser. Cuando era un niño pensaba ser uno de esos lagartos gigantes que hay en los museos, y sé muy bien lo que son, pero paso de aparentar ser un "entendido" en la materia de aquellos seres.
Ser un fiero depredador sin tener que aguantar sentimientos humanos... por mucho que los niños no entiendan aún lo que significa el mundo. Ni yo mismo lo sé del todo o no lo tengo claro, y quizás las dos cosas son válidas en esto. Después, cuando me hice mayor, en la adolescencia pensé en ser un vengador para mí mismo: destruir a los que me perjudicaron para acabar con lo poco bueno que había en mí, aceptando lo malo que me depararía ese camino y futuro, ser un asesino. Lo pensé bien, una y otra vez... Porque me arrebataron mi vida normal, y ya dejé de ser alguien que en esos momentos debe estudiar y sacarse su futuro, incluyendo salir con una pandilla de amigos, aunque ya los tenía, tengo, aunque no quería darme cuenta e incluso ignorarlo todo. Mandarlo todo a la mierda, a la nada y a mi perdición. Pues ya no me quedaba nada.
En esos momentos creaba historias de tales maldades que yo sufrí, de seres sobrenaturales que derramaban sangre por rencores o instintos oscuros, los dignos de los monstruos. Mi "talento" -si es que llega a serlo, y aún me queda mucho por mejorar- se vio estancado, aún hoy no dejo de hacer historias de tristeza y desgracia. ¿Cambiará o cambiaré yo? Me gustaría decir que sí e asegurarlo, pero de momento no puedo prometer nada.
Fui marcado por el mal de las personas que yo consideré compañeros. Idiotas aprovechados de la ingenuidad de un ingenuo. Aún lo soy, pero lo dejo de ser tanto.
No vengo a quejarme ni a explicar mi vida.
Escribo esto porque quiero mejorar aún más mi persona: mi forma de ser, para los que no sepan de qué hablo. Ser un caótico toda tu vida no está mal para los que les gusta destruir, pero yo ya estoy harto de la oscuridad que mantengo sobre mi ser, pero no sobre mis historias.
¿QUÉ ME CONSIDERÁIS SI YO NO ME CONSIDERO NADA NI DIGNO DE UN ALIVIO QUE SENTIR AL HACER LAS COSAS BIEN?
Lo bello puede ser una noche estrellada, un atardecer o amanecer. Notar las gotas de agua en un verano con una temperatura casi templada, y el aire acariciar la piel, llenando los ambientes como los bosques a un olor de pino. Sentir cómo el frío te hiela la piel, para buscar el calor de una cama, el calor humano o el de una chaqueta o prenda de vestir, pero... sin exagerar, claramente.
Estar con alguien tan especial como un amigo o amiga, o quizás, el compañero o compañera que encuentras en esos reveses de la vida, y eliges permanecer con ella o él todo lo que os pueda deparar, sin importar cuánto malo o bueno vendrá.
Tener creencias como las mías no ayudan a nadie, ni yo me ayudo a mi mismo. Sé lo bello que hay y lo horrendo, lo bueno y la monstruosidad, amor y odio, junto con todo aquéllo que pueda tener un lado opuesto e igual. Tal vez no haya nada válido en lo que creer, ni Dios, ni Diablo... por no hablar de las reencarnaciones... Sinceramente no estaría mal poder elegir el qué querer ser. Cuando era un niño pensaba ser uno de esos lagartos gigantes que hay en los museos, y sé muy bien lo que son, pero paso de aparentar ser un "entendido" en la materia de aquellos seres.
Ser un fiero depredador sin tener que aguantar sentimientos humanos... por mucho que los niños no entiendan aún lo que significa el mundo. Ni yo mismo lo sé del todo o no lo tengo claro, y quizás las dos cosas son válidas en esto. Después, cuando me hice mayor, en la adolescencia pensé en ser un vengador para mí mismo: destruir a los que me perjudicaron para acabar con lo poco bueno que había en mí, aceptando lo malo que me depararía ese camino y futuro, ser un asesino. Lo pensé bien, una y otra vez... Porque me arrebataron mi vida normal, y ya dejé de ser alguien que en esos momentos debe estudiar y sacarse su futuro, incluyendo salir con una pandilla de amigos, aunque ya los tenía, tengo, aunque no quería darme cuenta e incluso ignorarlo todo. Mandarlo todo a la mierda, a la nada y a mi perdición. Pues ya no me quedaba nada.
En esos momentos creaba historias de tales maldades que yo sufrí, de seres sobrenaturales que derramaban sangre por rencores o instintos oscuros, los dignos de los monstruos. Mi "talento" -si es que llega a serlo, y aún me queda mucho por mejorar- se vio estancado, aún hoy no dejo de hacer historias de tristeza y desgracia. ¿Cambiará o cambiaré yo? Me gustaría decir que sí e asegurarlo, pero de momento no puedo prometer nada.
Fui marcado por el mal de las personas que yo consideré compañeros. Idiotas aprovechados de la ingenuidad de un ingenuo. Aún lo soy, pero lo dejo de ser tanto.
No vengo a quejarme ni a explicar mi vida.
Escribo esto porque quiero mejorar aún más mi persona: mi forma de ser, para los que no sepan de qué hablo. Ser un caótico toda tu vida no está mal para los que les gusta destruir, pero yo ya estoy harto de la oscuridad que mantengo sobre mi ser, pero no sobre mis historias.
¿QUÉ ME CONSIDERÁIS SI YO NO ME CONSIDERO NADA NI DIGNO DE UN ALIVIO QUE SENTIR AL HACER LAS COSAS BIEN?
sábado, 31 de diciembre de 2011
La Tienda de Doble Filo
Sentimientos que deben permanecer dormidos como Blancanieves al morder la manzana de la bruja disfrazada de anciana. Todo se pudo vender o comprar. Cuando todo había acabado o aparentar acabarse.
El barco se hundió y alguien salió a flote. Daba igual, pues todo estaba a la venta. Donde todo se cambiaba por el precio que marcaba el vendedor al comprador.
¿Me ofreces lo que yo quiero a cambio de lo que tú quieres, sabiendo que podría matarte y obtener lo que vendo?
Nada es fácil y no todo es bonito como el cuento de la Cenicienta. Todo es efímero. Todo es así de corto y triste.
Pídeme un precio y ya veré si es el adecuado.
Te ofreceré verdaderas gangas que solos nuestros corazones sabrían entender y aceptar.
¿Cuál es tu última parada? La Tienda de los Muertos.
El barco se hundió y alguien salió a flote. Daba igual, pues todo estaba a la venta. Donde todo se cambiaba por el precio que marcaba el vendedor al comprador.
¿Me ofreces lo que yo quiero a cambio de lo que tú quieres, sabiendo que podría matarte y obtener lo que vendo?
Nada es fácil y no todo es bonito como el cuento de la Cenicienta. Todo es efímero. Todo es así de corto y triste.
Pídeme un precio y ya veré si es el adecuado.
Te ofreceré verdaderas gangas que solos nuestros corazones sabrían entender y aceptar.
¿Cuál es tu última parada? La Tienda de los Muertos.
sábado, 24 de diciembre de 2011
Jamás...
¿Cómo pueden quitarme lo malo o lo bueno? ¿Mi propia memoria puede hacerlo? Sí, tu propia memoria puede hacerlo. Puede hacerte pasar por el mejor momento de nuestras cortas vidas y el peor en el que se desearía morir.
Me quitaré lo que yo mismo me quiera quitar.
¿Qué me pueden quitar a mí la gente externa a mí? Nada de nada, excepto palabras. No pueden modificarme ni usarme porque mi precio es algo que yo mismo sé. Soy extraño y solitario. Ventajas de las vida y desventajas de la mala suerte.
Podéis negarme sentimientos, podéis negar hechos y sucesos que he tenido en mi vida o haya tenido en la vuestra. Me da igual.
No defenderé lo que no es necesario. Mi integridad está intacta, mi orgullo está por los suelos y la dignidad no me importa porque es la dignidad de un perro.
¿Qué queréis obtener de mí? No os daré nada que yo no quiera daros. No me podéis quitar nada excepto cosas materiales. Cosas a las que se les coge cariño y te dan rabia cuando te las arrebatan y seguirán estando aquí mucho después que nosotros. Su existencia da igual, solamente nos hacen sentir más cómodos en nuestro ambiente pero no en nuestra mente. Donde éstas pueden ser a simples cabañas de madera a castillos y palacios según sea la persona.
¿Queréis saber lo que no me podéis quitar? Bien, porque os los restregaré por la cara a todo aquél que me conozca y me desee mal, por muy desconocido que sea, porque me dará igual, y así haré que la gente cercana a mí pueda estar orgullosa de la parte más intensa de mí
Mi mente es una red de túneles subterráneos donde nadie puede acceder. Porque no lo permito y solo cuento bocetos de todo lo que significan las cosas. No me entendéis, ni pretendo que lo hagáis.
Esos túneles están llenos de una escarcha donde dentro de ésta late una llama de fuego fría o cálida según el momento o experiencia atesorado en ella. Cuando más especial más profundo será y menos acceso tendréis y más cerraduras pondré. Puertas asegurados como los ojos de un guardián que está dormido pero sabe lo que pasa a su alrededor sin falta de abrir los ojos.
¿Queréis que os muestre mis mejores recuerdos? Bueno, mejor dicho parte de ellos. Porque jamás en la vida lo sabrá completamente todo de mí, y es más, os advertiré: SOY CAPAZ DE TRAICIONAROS POR NADA Y POR TODO.
Las risas con mis tres locos jamás cesarán y ellos sabrán quiénes son. Mis conocidos no olvidarán los nombres que les doy ni las bromas que les dedico, al igual que las tonterías y paridas que se digan. A los desconocidos me da igual que os de igual, no me entenderéis ni el por qué de este texto.
¿Me falta alguien? ¡Ah, sí! Momentos tensos, momentos como una descarga eléctrica en el que el corazón muerto vuelve a resurgir con una leve fuerza, pero la suficiente para hacerlo latir, risas y bromas compartidas al igual que buenos momentos nunca faltaron. Donde los más de tres años sigo observando como un poseso observa a su mejor posesión.
No tengo nada más que decir, excepto: jamás me quitaréis lo que he obtenido.
Me quitaré lo que yo mismo me quiera quitar.
¿Qué me pueden quitar a mí la gente externa a mí? Nada de nada, excepto palabras. No pueden modificarme ni usarme porque mi precio es algo que yo mismo sé. Soy extraño y solitario. Ventajas de las vida y desventajas de la mala suerte.
Podéis negarme sentimientos, podéis negar hechos y sucesos que he tenido en mi vida o haya tenido en la vuestra. Me da igual.
No defenderé lo que no es necesario. Mi integridad está intacta, mi orgullo está por los suelos y la dignidad no me importa porque es la dignidad de un perro.
¿Qué queréis obtener de mí? No os daré nada que yo no quiera daros. No me podéis quitar nada excepto cosas materiales. Cosas a las que se les coge cariño y te dan rabia cuando te las arrebatan y seguirán estando aquí mucho después que nosotros. Su existencia da igual, solamente nos hacen sentir más cómodos en nuestro ambiente pero no en nuestra mente. Donde éstas pueden ser a simples cabañas de madera a castillos y palacios según sea la persona.
¿Queréis saber lo que no me podéis quitar? Bien, porque os los restregaré por la cara a todo aquél que me conozca y me desee mal, por muy desconocido que sea, porque me dará igual, y así haré que la gente cercana a mí pueda estar orgullosa de la parte más intensa de mí
Mi mente es una red de túneles subterráneos donde nadie puede acceder. Porque no lo permito y solo cuento bocetos de todo lo que significan las cosas. No me entendéis, ni pretendo que lo hagáis.
Esos túneles están llenos de una escarcha donde dentro de ésta late una llama de fuego fría o cálida según el momento o experiencia atesorado en ella. Cuando más especial más profundo será y menos acceso tendréis y más cerraduras pondré. Puertas asegurados como los ojos de un guardián que está dormido pero sabe lo que pasa a su alrededor sin falta de abrir los ojos.
¿Queréis que os muestre mis mejores recuerdos? Bueno, mejor dicho parte de ellos. Porque jamás en la vida lo sabrá completamente todo de mí, y es más, os advertiré: SOY CAPAZ DE TRAICIONAROS POR NADA Y POR TODO.
Las risas con mis tres locos jamás cesarán y ellos sabrán quiénes son. Mis conocidos no olvidarán los nombres que les doy ni las bromas que les dedico, al igual que las tonterías y paridas que se digan. A los desconocidos me da igual que os de igual, no me entenderéis ni el por qué de este texto.
¿Me falta alguien? ¡Ah, sí! Momentos tensos, momentos como una descarga eléctrica en el que el corazón muerto vuelve a resurgir con una leve fuerza, pero la suficiente para hacerlo latir, risas y bromas compartidas al igual que buenos momentos nunca faltaron. Donde los más de tres años sigo observando como un poseso observa a su mejor posesión.
No tengo nada más que decir, excepto: jamás me quitaréis lo que he obtenido.
domingo, 11 de diciembre de 2011
Mi partida
He pedido cosas que ya tengo y he dejado de utilizar. Haciendo que dichos objetos y recuerdos sean ahora obsoletos.
Deseaba un paraíso y cuando me dejaba arrastrar deseaba una muerte no heroica, pero vengativa. Dando parte del dolor que yo sufrí. Pero no estoy aquí para escribir de nuevo lo mismo una, otra y otra vez.
Puro veneno donde el amor era y es mi cura. Pero no puedo evitar estar triste por cosas que dejando el odio y el pasado aparte, desearía ser recordado como alguien grande entre mis seres. Por ello deseo tachar a Cupido y convertirme en demonio o arcángel, según cómo estuviera. Aquí no acaba mi partida.
Mi mente es mi prisión y mi habitación mi ataúd. Cuando llegue mi último aliento mi voluntad no se cumplirá y mi ser, con los recuerdos desaparecerán. De la nada a la nada, volveré al vacío del que vine.
Soy el títere de mis actos paranoicos y herramienta para gente manipuladora que me hace hacer cosas que ya dejé de lado. Mi camino sigue adelante hasta que mi corazón deje de latir. Ésta vida me es larga y a la vez corta.
¿Dónde quedará mi saber? ¿Por qué he de desaparecer?
Habréis de olvidarme y pedirle al Sol y a la Luna que sigan haciendo días y noches donde estar en compañía de seres que nos quieren, que os quieren y os querrán. Así acaba mi partida.
Boulevard de pesadillas y sueños de heroicidades. Donde la vida se me escapa...
Recordad cómo era, quién era, qué era y qué sentía...
Caminar sin camino
Vida vacía, sentimientos intensos. Lágrimas que ciegan mi conciencia y no me deja describir. Sacar algo en claro de algo que no significa nada y lo significa todo para una mente desequilibrada... Mente rota y paranoica que hace enemigos donde hay amigos. Le tienden una mano y ella las aparta.
¿Algún nombre no dirigida a mi clan? ¿Algún nombre para ser alguien diferente?
Mente enferma e inconclusa de tantos momentos y experiencias vividas en un límite y salir de un frenesí como bestia en vez de humano. La vida y no vida están al alcance y Nagash no puede igualarme.
¿Qué alcance es el mío? ¿Ninguno? ¿Revivir como ser vivo o vivir como bestia huidiza del Sol? ¿Habré vivido o siempre he sido así? No lo sé. Porque no lo recuerdo.
El pasado lo perdí, el presente lo dejé de vivir y el futuro se me escapó.
¿Algún nombre no dirigida a mi clan? ¿Algún nombre para ser alguien diferente?
Mente enferma e inconclusa de tantos momentos y experiencias vividas en un límite y salir de un frenesí como bestia en vez de humano. La vida y no vida están al alcance y Nagash no puede igualarme.
¿Qué alcance es el mío? ¿Ninguno? ¿Revivir como ser vivo o vivir como bestia huidiza del Sol? ¿Habré vivido o siempre he sido así? No lo sé. Porque no lo recuerdo.
El pasado lo perdí, el presente lo dejé de vivir y el futuro se me escapó.
miércoles, 7 de diciembre de 2011
Turel, Lrgacy of Kain
Pasados más de cinco siglos en el mundo espectral, no he olvidado lo que me solía decir Morr: puedes lamentarte por lo que has perdido o vivir para ver qué puedes obtener en el mañana.
¿Cómo encajaba la maldad o la inocencia en una simple lamentación cuando era humano?
No siento arrepentimiento, ni miedo, ni tristeza, ni sed de sangre ni ninguna necesidad. Nada de nada. No estoy muerto ni estoy vivo.
Sangre noble corría por mis venas hasta que un ángel de blanquecina piel me infectó con su sangre. Haciendo que la ingiriese como alguien sediento bebería una gran cantidad de agua.
No morí al instante. Noté cómo mi corazón dejaba de latir lentamente una y otra vez. Daba igual que en ese momento sintiera miedo. Pues ahora ya no hay nada. Yo no hago el Mal, tampoco lo provoco. Yo no provoco el Bien, pero tampoco lo hago.
¿Cuál es el sentido de aquel pálido ángel? ¿Éste era mi destino por algo en que mis reencarnaciones habían creado de la Oscuridad?
Ya no hay nada y Morr no está. Kain se destruyó. Raziel desapareció. Zephon se sumió en un letargo eterno. Rahab se ahogó en las aguas heladas de la Columna del Mundo.
¿Quién soy yo ahora mismo? Lo ignoro. Porque no sé lo que soy. Pero sí lo que fui.
Fui mortal y ahora soy un ser divino. Inmortal hasta el alma y la parte más extraña de mi alma. Pero tampoco sé si dispongo de ésta.
¿Me la habrán arrebatado?
¿Qué nombre he de adoptar si quiero vivir un oscuro futuro para una vil criatura como yo?
Soy... Turel
¿Cómo encajaba la maldad o la inocencia en una simple lamentación cuando era humano?
No siento arrepentimiento, ni miedo, ni tristeza, ni sed de sangre ni ninguna necesidad. Nada de nada. No estoy muerto ni estoy vivo.
Sangre noble corría por mis venas hasta que un ángel de blanquecina piel me infectó con su sangre. Haciendo que la ingiriese como alguien sediento bebería una gran cantidad de agua.
No morí al instante. Noté cómo mi corazón dejaba de latir lentamente una y otra vez. Daba igual que en ese momento sintiera miedo. Pues ahora ya no hay nada. Yo no hago el Mal, tampoco lo provoco. Yo no provoco el Bien, pero tampoco lo hago.
¿Cuál es el sentido de aquel pálido ángel? ¿Éste era mi destino por algo en que mis reencarnaciones habían creado de la Oscuridad?
Ya no hay nada y Morr no está. Kain se destruyó. Raziel desapareció. Zephon se sumió en un letargo eterno. Rahab se ahogó en las aguas heladas de la Columna del Mundo.
¿Quién soy yo ahora mismo? Lo ignoro. Porque no sé lo que soy. Pero sí lo que fui.
Fui mortal y ahora soy un ser divino. Inmortal hasta el alma y la parte más extraña de mi alma. Pero tampoco sé si dispongo de ésta.
¿Me la habrán arrebatado?
¿Qué nombre he de adoptar si quiero vivir un oscuro futuro para una vil criatura como yo?
Soy... Turel
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